viernes, 26 de septiembre de 2014

Valles Occidentales. Aragón: Zuriza y Gargantas de Escuaín

Primer despertar en Aragón. Rodeado de cientos de aviones comunes y golondrinas que han utilizado los árboles del camping como dormidero.

La primera ruta la realizaré por el Bosque de Gamueta, que está considerado (según leí en la entrada), el hayedo-abetal más conservado y con ejemplares más maduros del Pirineo español..
Esta ruta parte a pocos kilómetros del camping.

La ruta está señalizada, como muchas por la zona, como "Ruta ornitológica", en un panel con unas explicaciones muy claras y descriptivas (ya podían tomar nota en otros sitios).
Además de la descripción detallada de la ruta, las aves que podemos observar, nos señala las dos estrellas del recorrido: el pico dorsiblanco y el trepador azul.
Del primero incluso unos dibujos para ayudar a diferenciarlo del resto de pícidos.




Al poco de comenzar, ya empiezo a escuchar y me rodean trepadores, agateadores, reyezuelos sencillos, pinzones, carboneros palustres y otras aves forestales.
También se deja escuchar un pito real.
El camino es muy cómodo, entre grandes hayas, en umbría, y con el río a la izquierda.




Reyezuelo sencillo
Tronco lleno de agujeros de pícidos
Carbonero palustre
Pinzón vulgar
Al terminal el bosque, podemos optar por continuar hasta Linza y hacer la ruta circular, o volver hacía atrás.
Yo decidí esto último, pues quería realizar otra ruta señalada ornitológica, la subida al Atxar de Alanos.

La ruta comienza a unos centenares de metros del camping de Zuriza, siguiendo el Barranco de Tachera, y dejando el coche en el aparcamiento señalizado, junto al río.
La ruta asciende por una pronunciada pendiente (demasiada en algunos tramos, jaja), hasta los 2000mtrs, en el Atxar de Alanos, una vez superadas unas casas de pastores.

He partido pasadas las 12 de la mañana, con la mochila cargada de material fotográfico, trípode, prismáticos, telescopio, chubasquero (amenazaba lluvia). Al final faltaba espacio en la mochila, así que tuve que racionar que me llevaba: la comida. Unas barritas energéticas, pasas y agua.


Al comienzo de la ruta entre el bosque se podían escuchar varios pitos reales, además de un gran bullicio de pequeñas aves forestales.
En un descanso, sobre el Atxar, sobrevuela un águila real. Buen comienzo de ruta.
Después de casi una hora de ascensión, sobrepaso las casa de pastores y me detengo para contemplar el gran desnivel que he salvado en solo 50'.


Por delante, me esperan otros 500 mtrs. de fuerte pendiente, para alcanzar un punto desde el que comer algo e intentar ver las primeras aves que he venido a buscar.
Desde aquí las vistas son fabulosas. He salvado un desnivel de casi 800 mtrs. (de 1200 a casi 2000), me encuentro en un ambiente de alta montaña, rodeado de espectaculares roqueros, y con un cielo que amenaza lluvia en breve. Aún así, decido pasar aquí el resto del día y bajar al anochecer. Merece la pena el esfuerzo, e incluso la lluvia que pueda caer, que para eso voy bien preparado.

De dcha a izquierda: Ralla de Alano, Peña de Alano, Peña Tatxeras. A la izquierda quedaría el Paso de Tatxeras

Al fondo del valle Zuriza y Navarra
En este punto busco el treparriscos, sin éxito. Sí que aparecen chovas piquirrojas, chova piquigualda (bimbo), gorrión alpino, collalba rubia y gris, mucho colirrojo tizón y buitres.

Chova piquirroja
Collalba rubia
Después de disfrutar con las aves, a reponer fuerzas comiendo algo disfrutando del paisaje y del cielo amenazante de lluvia.

Cuando creía haber terminado con mis observaciones empiezo a escuchar un curioso grito, que no lo asocio con nada conocido, pero que me da un subidón pensando que puede ser de uno de los objetivos que tenía para el siguiente día. Como en la tablet (que también va en la mochila), llevo guías de cantos de todo bicho viviente, busco en la de mamíferos y ¡sorpresa!. Son MARMOTAS.
En los recorridos y guías consultadas de esta zona, ninguna hablaba de presencia de marmotas aquí. Me indicaban que tenía que buscarlas más al este, sin embargo he podido comprobar que eran numerosas.
Con sus gritos escandalosos, empiezan a salir de sus escondites y a moverse por la montaña, entre las rocas, tomando el sol y despreocupándose de mi presencia.



Las marmotas han sido una de las alegrías de mi viaje.
Cuando no había salido de mi sorpresa, empiezo a escuchar el estruendo de rocas caer, golpeando.
Cojo los prismáticos e intento localizar que está pasando. Tras unos minutos buscando, consigo localizar otro de los objetivos que tenía muchas ganas de observar: el rebeco pirenaico o sarrio.
Cinco individuos se mueven a un centenar de metros de donde me encuentro, y a unos doscientos metros un otros dos.


Después de observarlos durante un buen rato comienzo el descenso. Al pasar por las cabañas de los pastores, un pastor sale a mi paso y entabla una conversación amigable sobre buitres y carroña.
Después me habla indignado de las indemnizaciones por los ataques de osos, que llevan desde 2010 sin cobrar y que en unas semanas es el juicio por la demanda que los ganaderos han puesto a la Diputación por este motivo.
Antes de despedirme de él, me refiere a un ataque de oso que a un kilómetro ha tenido lugar la noche anterior, dejando malherida a una oveja. Me indica el sitio y, a pesar de que es muy tarde, me dirijo al lugar para intentar localizar al oso. Casi sin luz, con el telescopio a tope de aumentos, logro distinguirlo muy lejano. Imposible ir donde se encuentra. No tengo comida ni material para vivaquear en altura.
Como me había dicho el pastor, nada más comenzar a bajar, comienza a llover. chubasquero y capa puesta, la mochila con su protector de lluvia, y a disfrutar del sendero de bajada. Me encanta el invierno y me encanta la lluvia, así que soy feliz con esta situación, jaja.
En la bajada también observo bisbita alpino y numerosas aves forestales al entrar en el bosque.
Al llegar al aparcamiento la lluvia da un respiro y aprovecho para comer algo junto al río, que venía muerto de hambre.

Bisbita alpino
Tras la comida, ya anocheciendo, me dirijo hacía las Gargantas de Escuaín, en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Quiero amanecer en este lugar para ir temprano a ver los buitres y quebrantahuesos.
Como la noche se presenta muy tormentosa, y no hay sitio para montar la tienda, además estoy bastante cansado de los últimos días de senderismo como para dormir en el coche, decido pasar la noche en un alojamiento (el único que he encontrado por la zona): Alojamiento rural Lamiana. Ceno algo en el bar y luego me instalo en una confortable habitación. El precio no es caro y merece la pena este merecido descanso al cuerpo.

Por la mañana temprano, tras el desayuno, en 10 minutos me encuentro en el aparcamiento de Revilla, donde dejo el coche.

Revilla es un pequeño pueblo de montaña semiabandonado, donde están ahora restaurando algunas de sus casas, y donde la Fundación  para la Conservación del Quebrantahuesos tiene sus instalaciones.


Un cartel muy explicativo me da información sobre identificación de las edades de los quebrantahuesos y de otras aves que se pueden observar en los miradores.


Cargo con la mochila de fotografía, para realizar la ruta, que en 45 minutos me dejará en los miradores, desde donde es posible observar quebrantahuesos.
El sendero es cómodo, muy aéreo, dejando a la izquierda la espectacular garganta de Escuaín.
Durante todo el trayecto no dejan de pasar a escasos metros los primeros buitres.






Cascada de Escuaín
Esta garganta es recorrida diariamente por senderistas y gente que hace barranquismo, por lo que hay que extremar las precauciones y no lanzar objetos al vacío.

Al final del recorrido nos encontramos dos miradores. Escojo el primero, a la derecha, por ser el que me han recomendado, tener mejor luz para fotografía y ofrecer protección contra el sol (está a la sombra), o en caso de lluvia también nos evita mojarnos algo.
En este mirador coincido con una pareja de Cantabria y otra de Navarra. Agradables compañeros de espera, con los que establezco una entretenida conversación.


A los pocos minutos, muy lejos sobre una loma distingo la silueta de mi primer quebrantahuesos.
¡Subidón!
Aunque está muy lejos le saco algunas fotos.


Siguen pasando buitres muy cerquita. El mirador está a más de 100 mtrs de altura y los buitres pasan a la altura mía y a pocos metros de distancia, sintiendo el batir de sus alas.
A los pocos minutos un segundo quebrantahuesos. Este de más edad que el anterior.
A partir de este momento el paso de buitres es incesante, y cada poco se deja ver un quebrantahuesos también.
A las grandes rapaces se les une paso de avión común, observación de cuervos y de aviones roqueros, currucas cabecinegras y petirrojos.


Pasan las horas y a mediodía el cielo empieza a nublarse, amenazando lluvia.
Aún así, a partir de esta hora es cuando las aves empiezan a pasar más cerca del mirador, impidiendo en muchos casos que pueda fotografiar por la cercanía a la que pasan.



A pesar de que los buitres pasan muy muy cerca, y de haber visto ya más de 15 quebrantas, estos últimos se resisten a pasar tan cerca como sus primos los buitres.
A los pocos minutos de irse los amigos navarros del mirador, llega la sorpresa del día:
¡dos quebrantahuesos empiezan a acercarse al mirador!. Durante más de 5 minutos no dejan de pasar tan cerca, que es imposible sacar fotos a esta distancia cogiendo toda el ave.
¡VAYA PASADA!


A las 2 comienza a nublarse bastante y a partir de las 4 la lluvia hace presencia. Aún así aguanto una hora más sacando fotos de buitres y más quebrantahuesos.
De nuevo la lluvia es mi compañera en el regreso al coche.


 Lleno de felicidad guardo todo el equipo y me dirijo de nuevo a Navarra, para pasar la noche allí, y visitar al día siguiente Pamplona (no me podía marchar sin verla). Noche de relax y la mañana de visita también, y a mediodía regreso para Granada.
EN LA ÚLTIMA ENTREGA DE MI VIAJE A PIRINEOS UN ESPECIAL FOTOS DE BUITRES Y QUEBRANTAHUESOS.
Espero os haya gustado

domingo, 21 de septiembre de 2014

Navarra II: Quinto Real, Zilbeti, Arbaiun e Irati

Después de la visita a Belagua, los siguientes destinos eran los hayedos de Quinto Real y Zilbeti.
Para llegar a Quinto Real recorrimos una carretera de encanto, entre bosques frondosos, que en ocasiones obligaban a encender las luces del coche debido a su espesura.
La primera parada cerca de una fábrica abandonada y ahora en restauración. Primer contacto con este espacio natural en un día muy nublado que amenazó lluvia toda la jornada.


Después de un breve descanso continuamos hacía Quinto Real, un lugar bellísimo cerca de la frontera francesa.
En este espacio realizamos dos rutas. La primera, un recorrido ascendente, donde además de disfrutar de hayas y numerosas aves de bosque, pudimos ver los restos de antiguos bunker de la guerra.
También observamos bastantes estructuras metálicas, torres que se elevaban a gran altura, y que yo hubiera deseado fuesen para observar aves. Pero no, se trataba de torres para la caza de aves en paso migratorio...una pena la verdad.


La segunda ruta, de recorrido más suave, nos llevó por una pista entre el bosque de hayas, acompañados de numerosos trepadores, agateadores, carboneros palustres, papamoscas cerrojillos y otras aves de bosque.

Papamoscas cerrojillo

Además pudimos ver paso de vencejos, golondrina y aviones, así como de abejarucos y varias rapaces: culebreras, abejeros, calzadas y ratoneros.

Trepador azul, numeroso en este bosque
No todo van a ser aves. Vanessa atalanta
A mediodía, almuerzo en Zubiri y nos fuimos a Zilbeti, un bosque de hayas que fue, y es famoso por la lucha de los habitantes del pueblo y de la SEO por defender el bosque frente a la construcción de una mina, acción que hubiese causado un daño enorme e irreparable a este bellísimo espacio natural. Por fortuna, el proyecto se consiguió detener y los vecinos de Zilbeti y todos los amantes de la naturaleza podemos seguir disfrutando de este hayedo.
Tras dejar el coche al comienzo de la pista, por la que está prohibida la circulación de vehículos, comenzamos nuestro recorrido entre hayas, paralelos a un riachuelo en un primer momento, y comenzando después una subida hasta llegar a la zona donde se pintó el Guernika en los troncos de las hayas, como gesto de rechazo al proyecto minero.
Durante más de 2kms nos acompañó un simpático petirrojo, aunque nos quedamos con las ganas de ver picamaderos negro y dorsiblanco, especies que se encuentran en este hayedo.



Mi amiga y la guía que secuestré estos días para que me mostrara los bosques navarros; Edurne (gracias)
Extraordinaria obra de arte en el hayedo de Zilbeti: el Guernika de Picasso

El siguiente día me dirigía a la Selva de Irati, pasando antes por la Foz de Arbaiun, para intentar ver rapaces y los vencejos reales.
Tuve suerte, si bien no disfruté del quebrantahuesos, que se suele ver por aquí, si que disfruté con los buitres, alimoches y un buen número de vencejos reales.

Vencejos reales
Buitre leonado y alimoche

Después continué mi camino hasta Ochagavia, y de aquí subiendo un puerto, desde el que tuve unas vistas maravillosas de los valles navarros y la selva de Irati, observando numerosos buitres, collalbas rubias, chovas piquirrojas, gorrión alpino y en la bajada a Irati un torcecuello.



Se nota que estamos en Septiembre y que la afluencia de turistas ha descendido notablemente, sobre todo en el Pirineo. Apenas me encontré turistas en la Selva de Irati, y casi ninguno en los demás sitios que visité aquí en Navarra.
Después de hablar con la responsable de la Caseta de Información al Visitante de Irati, empecé a preparar la mochila con el material de fotografía, prismáticos, algo de comida y chubasquero, pues el día amenazaba lluvia.
En este momento escuché, y luego pude observar al pico dorsiblanco, mi principal objetivo en este espacio. Ya me habían informado unos amigos, incluso la chica de la caseta, que había una pareja en la zona de aparcamientos. La observación fue de unos segundos, pero me llenó de felicidad.
Realicé una ruta circular hasta el embalse, de 3 horas aproximadamente, disfrutando de un bosque muy denso de hayas, con una humedad ambiental grande, a momentos entre la lluvia, pero respirando ese aire fresco y limpio que solo se respira en parajes así, alejados de la contaminación de las grandes ciudades. Y lo más agradecido, totalmente solo, sin las aglomeraciones de turistas típicas de los meses de julio y agosto.

LA SELVA DE IRATI EN FOTOS








Cuando realizaba un descanso, disfrutando de este precioso paisaje, en este punto comencé a sentir el canto de un pícido, y pronto a pocos metros apareció de nuevo un pico dorsiblanco, imposible de fotografiar por la espesura del bosque y porque no dejaba de moverse, así que cogí los prismáticos y estuve disfrutando de su presencia durante unos buenos minutos, antes de regresar al aparcamiento. 

Ya en el coche, tras comer algo, me acerqué al río, y de nuevo una sorpresa: un simpático mirlo acuático se movía por el río, sumergiéndose, saltando de roca en roca, y esta vez si que tuve la oportunidad de fotografiarlo, pues lo estuve observando durante más de media hora.



Por la tarde tomaba la carretera hacía Isaba, en el Valle del Roncal, para despedirme de Navarra y pasar a la zona de los Pirineos Occidentales de Aragón, a la Jacetaina.
Durante el trayecto apenas tuve tiempo de parar para observar aves, pues quería llegar al camping antes del anochecer, aún así pude ver cornejas, buitres, tarabillas norteñas, papamoscas y varios mosquiteros.


En este punto acaba Navarra y comienza Aragón. Me despedía con pena de Navarra, una tierra que no conocía y de la que me había enamorado, de sus paisajes, sus gentes. ¡Cuantos momentos buenos dejaba en esta región!. La siguiente visita, en invierno para disfrutar de un paisaje completamente distinto.


La llegada al camping casi al anochecer, como en Irati, solo un par de tiendas, en un camping que suele colgar el cartel de completo en pleno verano. Frío y lluvia durante la noche ¡que miedo, jajaja!