domingo, 21 de septiembre de 2014

Navarra II: Quinto Real, Zilbeti, Arbaiun e Irati

Después de la visita a Belagua, los siguientes destinos eran los hayedos de Quinto Real y Zilbeti.
Para llegar a Quinto Real recorrimos una carretera de encanto, entre bosques frondosos, que en ocasiones obligaban a encender las luces del coche debido a su espesura.
La primera parada cerca de una fábrica abandonada y ahora en restauración. Primer contacto con este espacio natural en un día muy nublado que amenazó lluvia toda la jornada.


Después de un breve descanso continuamos hacía Quinto Real, un lugar bellísimo cerca de la frontera francesa.
En este espacio realizamos dos rutas. La primera, un recorrido ascendente, donde además de disfrutar de hayas y numerosas aves de bosque, pudimos ver los restos de antiguos bunker de la guerra.
También observamos bastantes estructuras metálicas, torres que se elevaban a gran altura, y que yo hubiera deseado fuesen para observar aves. Pero no, se trataba de torres para la caza de aves en paso migratorio...una pena la verdad.


La segunda ruta, de recorrido más suave, nos llevó por una pista entre el bosque de hayas, acompañados de numerosos trepadores, agateadores, carboneros palustres, papamoscas cerrojillos y otras aves de bosque.

Papamoscas cerrojillo

Además pudimos ver paso de vencejos, golondrina y aviones, así como de abejarucos y varias rapaces: culebreras, abejeros, calzadas y ratoneros.

Trepador azul, numeroso en este bosque
No todo van a ser aves. Vanessa atalanta
A mediodía, almuerzo en Zubiri y nos fuimos a Zilbeti, un bosque de hayas que fue, y es famoso por la lucha de los habitantes del pueblo y de la SEO por defender el bosque frente a la construcción de una mina, acción que hubiese causado un daño enorme e irreparable a este bellísimo espacio natural. Por fortuna, el proyecto se consiguió detener y los vecinos de Zilbeti y todos los amantes de la naturaleza podemos seguir disfrutando de este hayedo.
Tras dejar el coche al comienzo de la pista, por la que está prohibida la circulación de vehículos, comenzamos nuestro recorrido entre hayas, paralelos a un riachuelo en un primer momento, y comenzando después una subida hasta llegar a la zona donde se pintó el Guernika en los troncos de las hayas, como gesto de rechazo al proyecto minero.
Durante más de 2kms nos acompañó un simpático petirrojo, aunque nos quedamos con las ganas de ver picamaderos negro y dorsiblanco, especies que se encuentran en este hayedo.



Mi amiga y la guía que secuestré estos días para que me mostrara los bosques navarros; Edurne (gracias)
Extraordinaria obra de arte en el hayedo de Zilbeti: el Guernika de Picasso

El siguiente día me dirigía a la Selva de Irati, pasando antes por la Foz de Arbaiun, para intentar ver rapaces y los vencejos reales.
Tuve suerte, si bien no disfruté del quebrantahuesos, que se suele ver por aquí, si que disfruté con los buitres, alimoches y un buen número de vencejos reales.

Vencejos reales
Buitre leonado y alimoche

Después continué mi camino hasta Ochagavia, y de aquí subiendo un puerto, desde el que tuve unas vistas maravillosas de los valles navarros y la selva de Irati, observando numerosos buitres, collalbas rubias, chovas piquirrojas, gorrión alpino y en la bajada a Irati un torcecuello.



Se nota que estamos en Septiembre y que la afluencia de turistas ha descendido notablemente, sobre todo en el Pirineo. Apenas me encontré turistas en la Selva de Irati, y casi ninguno en los demás sitios que visité aquí en Navarra.
Después de hablar con la responsable de la Caseta de Información al Visitante de Irati, empecé a preparar la mochila con el material de fotografía, prismáticos, algo de comida y chubasquero, pues el día amenazaba lluvia.
En este momento escuché, y luego pude observar al pico dorsiblanco, mi principal objetivo en este espacio. Ya me habían informado unos amigos, incluso la chica de la caseta, que había una pareja en la zona de aparcamientos. La observación fue de unos segundos, pero me llenó de felicidad.
Realicé una ruta circular hasta el embalse, de 3 horas aproximadamente, disfrutando de un bosque muy denso de hayas, con una humedad ambiental grande, a momentos entre la lluvia, pero respirando ese aire fresco y limpio que solo se respira en parajes así, alejados de la contaminación de las grandes ciudades. Y lo más agradecido, totalmente solo, sin las aglomeraciones de turistas típicas de los meses de julio y agosto.

LA SELVA DE IRATI EN FOTOS








Cuando realizaba un descanso, disfrutando de este precioso paisaje, en este punto comencé a sentir el canto de un pícido, y pronto a pocos metros apareció de nuevo un pico dorsiblanco, imposible de fotografiar por la espesura del bosque y porque no dejaba de moverse, así que cogí los prismáticos y estuve disfrutando de su presencia durante unos buenos minutos, antes de regresar al aparcamiento. 

Ya en el coche, tras comer algo, me acerqué al río, y de nuevo una sorpresa: un simpático mirlo acuático se movía por el río, sumergiéndose, saltando de roca en roca, y esta vez si que tuve la oportunidad de fotografiarlo, pues lo estuve observando durante más de media hora.



Por la tarde tomaba la carretera hacía Isaba, en el Valle del Roncal, para despedirme de Navarra y pasar a la zona de los Pirineos Occidentales de Aragón, a la Jacetaina.
Durante el trayecto apenas tuve tiempo de parar para observar aves, pues quería llegar al camping antes del anochecer, aún así pude ver cornejas, buitres, tarabillas norteñas, papamoscas y varios mosquiteros.


En este punto acaba Navarra y comienza Aragón. Me despedía con pena de Navarra, una tierra que no conocía y de la que me había enamorado, de sus paisajes, sus gentes. ¡Cuantos momentos buenos dejaba en esta región!. La siguiente visita, en invierno para disfrutar de un paisaje completamente distinto.


La llegada al camping casi al anochecer, como en Irati, solo un par de tiendas, en un camping que suele colgar el cartel de completo en pleno verano. Frío y lluvia durante la noche ¡que miedo, jajaja! 


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