jueves, 20 de noviembre de 2014

Tablas de Daimiel en estado puro

A pesar de que el pueblo de Daimiel está muy cerca del Parque, siempre que visito las Tablas opto por quedarme a dormir en el parking de entrada, junto al centro de visitantes.
Despertarse escuchando el canto de centenares de grullas, anátidas y multitud de aves compensa la elección de un sacofrente a la comodidad de una cama de hotel.
Parking junto al Centro de Visitantes
Después de un desayuno, junto a Mariano, nos disponemos a hacer uno de los recorridos, el más conocido del Parque Nacional de las Tablas de Daimiel, el amarillo, que nos llevará hasta la Isla del Pan.
Acaba de amanecer y el frío es intenso, además ha estado lloviendo algo durante la noche y el cielo amenaza de nuevo lluvia, así que toca abrigarse y coger protección para el agua.
Estas primeras luces nos ofrecen unas imágenes bellísimas del parque...







Una vez en las pasarelas comenzamos a observar aves, que con las primeras luces nos dan la bienvenida. Grupos de grullas que salen de los dormideros, palomas torcaces, varias garcetas grandes y varios pitos reales, que muy confiados posaban para nuestras cámaras.




Pasadas las pasarelas subimos al observatorio de la Isla del Pan, y nos sorprendemos por la cantidad de aguiluchos laguneros que observamos.
Algunos sobrevuelan las lagunas a lo lejos, otros posados en arbustos, esperando su momento de salir a cazar.
Mientras, no cesan de sobrevolarnos grullas, que descansan después junto a los encinares.
Desde este observatorio la vista del Parque Nacional de las Tablas de Daimiel es total: campos. lagunas, montañas a lo lejos, el dormidero de cormoranes, trigueros y bisbitas a nuestro alrededor, y el reclamo continuo de los pitos reales.



Desde aquí bajamos a la Isla de los Tarayes, donde permanecemos en el observatorio contemplando aguiluchos, zampullines y otras aves.


Incluso algún zampullín, cansado de nadar y bucear, decide probar suerte corriendo sobre las aguas..aunque al final decide que lo suyo no es esto.


Desde aquí regresamos de nuevo al aparcamiento y comenzamos la ruta azul, que nos llevará a la Torre de Prado Ancho, pasando por cuatro observatorios, donde siempre hemos visto una buena cantidad de aves.
El recorrido no defrauda, y varios aguiluchos laguneros nos cesan de pasar delante de la caseta de observación, mostrándonos bellos lances y planeos.
Por esta zona, el paso de grullas es cada vez mayor y no cesan de moverse de un lado a otro del parque.




En el último observatorio antes de llegar a la Torre, la sorpresa nos la da una garceta grande, a poca distancia, que posa para nuestras cámaras, e incluso nos ofrece unos vuelos a tan corta distancia que al final era imposible encuadrarla en la cámara.





La última parada, la Torre de Prado Ancho, desde la que seguimos disfrutando de los aguiluchos.
Cuando realizábamos algunas fotos de paisaje desde la parte más alta de la torre, nos sorprendió un espectáculo de grullas, que en varios bandos nos sobrevolaron, en un número aproximado de 1.500. Un regalo para la vista y nuestros objetivos.
Bajando de la torre, varios mosquiteros se acercaron a despedirnos, junto a bisbitas y urracas.



Y así nos despedimos una vez más de nuestras queridas Tablas de Daimiel, con la alegría de encontrarlas espectaculares, bellas y llenas de agua y aves.

Componentes de la salida: Juanfra y Mariano

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