martes, 24 de febrero de 2015

Navarra y Euskadi en Enero 2: de Irati a Txingudi

La segunda parte de mi viaje invernal a Navarra y Euskadi la comienzo en la Selva de Irati.
Hasta allí nos desplazamos, además de para disfrutar de los hayedos sin hojas, que ofrecían un paisaje espectacular, con el objetivo principal de localizar el único pícido que me faltaba en mi lista: el pico mediano, aunque también quería intentar ver el pito negro.
Entrando por Orbaitzeta, llegamos al aparcamiento, donde casi nos encontramos solos.
Desde aquí tomamos uno de los itinerarios que bordeando el embalse, a media distancia, se introduce en los hayedos y realizando un recorrido circular nos lleva de nuevo al coche.



En mitad del recorrido, un cartel informativo nos avisa que estamos en unos de los mejores sitios de toda la península para observar pícidos.


Y como en este viaje la suerte está de nuestra parte,a los pocos minutos escuchamos un canto peculiar y muy fuerte: es el pico mediano.
La emoción nos invade, no hacemos más que buscar entre las ramas desnudas de las hayas, y de pronto le indico a Edurne que el tan buscado pájaro carpintero está encima de nuestras cabezas.
Fotos testimoniales, casi no se deja ver. Parece que va a ser difícil encontrar una buena toma.


Unos minutos más tarde, de nuevo aparece, ahora en un árbol más abierto de ramas, y podemos deleitarnos observándolo y fotografiándolo.



 Al final el picamaderos negro no se dejó ver, aunque si que lo  escuchamos. Muchos trepadores azules por la zona, y también carbonero palustre.
Más adelante hacemos una parada para comer, bajo los acebos. El acebo es dioico, es decir, hay pies masculinos y pies femeninos.
Para que se produzca fecundación tienen que estar juntos. El pié femenino tiene frutos que cuando maduran son de color rojo.



Y después de la comida, seguimos por este bellísimo sendero para volver al coche, entre hayas, con la vista en el embalse y el bosque desnudo de hoja caduca.



Nuevo día. Esta vez nos desplazamos a la Balsa de Zolina. Cerca de la balsa, numerosos buitres vuelan a baja altura. Muchos de estos buitres tienen las plumas muy desgastadas y pronto tendrán que reemplazarlas con la muda.
Al final, cuando buscábamos donde dejar el coche el tiempo cambia bruscamente y una fuerte lluvia hace presencia, lo que nos obliga a volver a casa, y posponer la visita para otra vez.



El último día nos desplazamos a Euskadi, a Txingudi, una paraíso que no conocía y del que me vengo enamorado, como de otras cosas.
Junto a una zona escolar, se encuentra el parque, con un bonito recorrido, varias lagunas, que terminan en la playa.



La primera parada en el observatorio principal. Todos los observatorios del parque disponen de paneles informativos y están bien acondicionados y en unas condiciones excelentes.



La primera ave que nos llama la atención, un rascón. al fondo de la laguna. Un ave muy bella, aunque esquiva.


Y al rato, Edurne grita que bajo el observatorio, a unos 20 metros, tenemos una hembra de martín pescador, posada en una rama, y con un pez en la boca.
Que preciosidad de ave, que observa desde su atalaya las cercetas y que, en vez de comerse del tirón el pez, parece jugar durante varios minutos con él.



Y tanto tuvo el pez en la boca, que al final se le escapó, y aunque fue a por él rápidamente, más rápida fue la garceta grande que estaba bajo la rama y que dio cuenta del pescaito.



No era normal la temperatura que hacía para esta época del año, y así debieron pensar algunas aves, como esta pareja de cercetas comunes, que ya estaba con el cortejo y la cópula. Casi ahoga el macho a la hembra, pero a esta le debía gustar, porque no se quejaba, jeje.



En el centro de la laguna, una garceta común posó un buen rato para la cámara, en la distancia...


...y cuando se fue a marchar se le enganchó en la pata un alga, de la que le costó trabajo desprenderse.


Otra que no quiso perderse la sesión de fotos, fue esta garza real, que parecía de escayola. No se movía ni un milímetro. Y así estuvo más de 15 minutos.


El rascón se acercó, de dejó ver, pero no fotografiar del todo.


A la sesión de fotos tampoco quisieron faltas los zampullines, que disimuladamente pasaron delante de la garceta común.


Seguimos el recorrido hacía otro observatorio. En los árboles cajas nido para murciélagos. En el borde del camino, charcas para anfibios. ¡Vaya pasada de sitio!!.




En el nuevo observatorio, varias agachadizas comunes junto a la orilla.


También otro limícola que buscaba: el archibebe claro.


Seguimos bordeando el parque y las lagunas, buscando las marismas.


En el último observatorio me siento observado. Es Edurne desde otro de los observatorios, controlando que e porte bien.


Aquí, dos nuevos archibebes claros. Belleza de ave.



Y como vigilante de nuestro paseo, un Txantxangorri (Petirrojo europeo).


Dejamos la zona de lagunas y el camino bordea la marisma, la playa y el mar.


En su orilla, mucho zarapito real.


También cormoranes. Este ejemplar pescó un buen pez, y en un primer momento creía nos invitaría a almorzar, pero se ve que se lo quería comer él solito y se marchó.




En la otra orilla, un vuelvepiedras y un chorlito gris se daban un baño, ajenos al ruido del pequeño aeropuerto que hay a sus espaldas, a escasos metros de la marisma.


Y de nuevo los zarapitos, ofreciendo una danza con su espectacular  y bello plumaje.




También comienzan a aparecer por estas tierras las primeras mariposas. En este caso una Pararge aegeria, tomando el sol posada en este poste.


Buscamos sin éxito la barnacla carinegra que venimos a ver, así que volvemos por otra senda, que bordea una nueva laguna, observando ánade friso y mucho zampullín.


Cisnes, con una luz espectacular.


Lavandera cascadeña ofreciendo un bonito reflejo desde su posadero.


Y este adormilado ánade real.


Terminada la senda fuimos a ver el centro de visitantes de Txingudi. Un aula de naturaleza muy bien hecha, con una información excelente y muy práctica: maquetas, paneles, zona infantil, zona observación hacía la laguna con guías y material de observación.... Nada que ver con otros centros que estamos acostumbrados a visitar. De mayor, quiero vivir cerca de un sitio así, jajaja.








El chico que estaba en el centro nos informó donde podíamos ver la barnacla, y de nuevo nos fuimos a la marisma. Allí, un pajarero nos indica que detrás de las rocas, unos metros más a la derecha, podremos disfrutar del ave. Y así fue. Una pasada de bicho: la barnacla carinegra (Branta leucopsis).
Tambien, junto al puerto que hay al fondo, muy lejos, observé un ave que me hacía dudar entre zampullín cuellinegro y cuellirrojo. La distancia no permitía diferenciar mejor al ave. Un ornitologo despejó las dudas, pues lo venía del otro lado de la bahía y había podido ver y fotografiarlo, se trataba del zampullín cuellirrojo. Otra que faltaba en mi lista.



Y para terminar el día, visita al pueblo de Edurne, partidito de frontón en el polígono, dejando el pabellón granadino bien alto. (lo siento Edurne).
Todos los que me conocen saben que me chifla este deporte.



Y como no podía ser menos, nos acercamos al frontón oficial del pueblo. Qué pasada!!!! Lástima que me tuviera que ir, en unos días venían a jugar aquí un partido de cuartos de parejas los mejores del campeonato.
Otra vez será.


Y así regreso a Granada, con el propósito de regresar pronto, porque es una tierra que me encanta y amo. Y allí me siento querido, por mis amigos y mis aves.

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